Los tres deseos

 

lampara de aladino-pequeña

 

Siendo yo adolescente el mar dejó abandonada una lámpara de barro en la orilla. Apliqué eso de quien lo encuentra se lo queda convirtiéndola en mi tesoro más preciado. No es que pensará que de ella podría salir un genio ni nada parecido pero… las cosas siempre tienden a sorprender cuando menos una se lo espera.

Pasada la revolución hormonal propia de los 15, una tarde limpiando las cosas de mi estantería froté con el trapo la lámpara y… Sí, todos esos años había tenido un genio oculto en mi habitación.

Ni que decir tiene me propuso concederme los consabidos tres deseos, y huelga decir que acepté su ofrecimiento.

No es que quien esto escribe sea propensa a la precipitación, más bien peco de exceso de prudencia y quizá por eso preferí retrasar la oferta del genio. No hubo problema, podría hacer uso cuando gustase, mis peticiones podían ser continuadas o espaciadas, mientras estuviera en posesión de la lámpara siempre tendría la posibilidad de solicitarlas en cualquier momento.

Desde niña he tenido los pies en la tierra y debo confesar que la conversación con el genio la guardé en mi memoria más como producto de una ensoñación que otra cosa hasta que una mañana…

La desesperación ante determinadas cuestiones me hizo pensar en la posibilidad que tal vez, solo tal vez, el genio pudiera servir de ayuda. Froté la lámpara cruzando los dedos, y allí estaba él. Le pedí un deseo. No fue para beneficio propio sino más bien para sacar de tremendo atolladero a la persona que, en ese momento, era importante en mi vida.

El deseo me fue concedido al momento. Dejé los dos restantes para mejores ocasiones, que la vida es larga y nunca sabemos.

El destino suele cambiarnos en más de una ocasión el camino por el que transitamos, el mío no iba a ser una excepción. Ya en mi madurez un cataclismo, de nuevo en mi entorno más cercano, me hizo acudir al genio en busca de ayuda. Esta vez no fue tan sencillo, tuve que entregar algo a cambio. Sucedió que le di la mano y se tomó el brazo entero, pero ya no había vuelta atrás, a pesar que mi petición era para beneficiar a alguien ajeno.

Otoños, que siguen a veranos, inviernos que pasan sin darse cuenta, primaveras que florecen sin más. Las estaciones fueron pasando una tras otra hasta llegar al día de hoy.

Tengo la lámpara entre mis manos, voy a gastar mi último deseo, estoy segura de querer hacerlo. Esta vez no será para favorecer a otros, quiero ser la protagonista absoluta de mi deseo, sé que es egoísmo pero de vez en cuando toca.

Tengo la certeza que mi última visión del genio me costará cara, más de lo que puedo imaginar, pero quiero correr el riesgo. Mi petición es sencilla: deseo tener, aunque solo sea un instante, aquello que la vida me ha negado y que siempre he querido.

Galiana

 

 

 

 

 

 

 

 

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Acerca de Galiana

Escritora
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2 respuestas a Los tres deseos

  1. bioamara dijo:

    Jolín Gali, nos dejas con las ganas de saber cuál es…
    Precioso relato. Conforme lo iba leyendo no he podido evitar crear mi propia historia paralela e imaginar cuáles serían mis tres deseos. Difícil tarea. O tal vez no. Mi impulsividad me haría no espaciarlos en el tiempo, a fin de cuentas he tenido siempre más o menos claro lo que quiero. Quizá el genio se cansara de esperar y no estuviera la próxima vez que acudiera a él. Ya sabes… más vale pájaro en mano.
    Impaciencia? Desconfianza? puede ser. Pero uno no se encuentra un genio dentro de una lámpara todos los días…

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