Un futuro mejor II

borde pañuelo rojo

 

Eva regresó rápido al lado de su padre mientras contestaba educadamente al saludo de la desconocida sin apartar la mirada de ella.

La mujer que acababa de entrar se presentó como Madame Rebeca. Llevaba un vestido negro, con falda larga de media capa, y la parte superior ceñida al cuerpo. En su mano derecha un bastón de madera con el puño dorado.

-Tengo entendido que estudiaste ballet.

-Sí, hasta hace más o menos un año. -Le contestó Eva con la barbilla levantada tal y como le había enseñado su profesora de danza.

La mujer de negro se detuvo en el centro del aula mientras que Eva y su padre permanecían en la esquina del fondo de la sala, pegados a la puerta por la cual un momento antes habían entrado.

-Acércate niña, no voy a hacerte daño.

Eva miró a su padre. Curro, con un movimiento de cabeza, le indicó a su hija que obedeciera.

-Tu padre no te ha explicado por qué estás aquí.

-No. No, señora.

-Lo suponía.

Golpeó con el bastón el suelo y Eva se quedó quieta, pero continuó mirándola con la cabeza levantada y la mirada desafiante. Madame Rebeca dio una vuelta alrededor de la joven.

-Eres mucho más bonita de lo que tu padre me había dicho.

Eva sintió que debía agradecer el cumplido pero no le salió la voz. Había algo extraño en la forma en que aquella mujer la estaba mirando que hacía que se sintiera incomoda, pero no sabía qué.

-Un vestido muy bonito. ¿Lo has elegido tú?

-Ha sido un regalo sorpresa de mi padre- contestó con ese orgullo que sienten las hijas al presumir de los regalos paternos.

-Una elección muy acertada, Curro.

El hombre permanecía con la mirada baja, y el gracias que salió de su boca fue prácticamente inaudible.

-Ya que tu padre no te ha dado explicaciones esto va a ser algo más difícil, pero si colaboras abreviaremos el trámite y será mucho más sencillo.

Madame Rebeca seguía dando vueltas alrededor de Eva y ésta seguía clavando su mirada en los ojos de aquella mujer desconocida.

-Lo que está a la vista es de mi aprobación, pero tengo que ver el resto para saber si estoy haciendo negocio.

Hubo un momento de silencio y…

-Eva, no tengo toda la tarde para estar aquí, así que cuando quieras puedes empezar a quitarte la ropa.

La niña miro a su padre, no entendía nada. Curro con un hilo de voz le pidió que lo hiciera. Eva tembló, pero confiaba en su padre, así que empezó a quitarse el vestido dejándolo con cuidado en el suelo. Se quedo en ropa interior, con los zapatos puestos. Madame Rebeca siguió girando a su alrededor mirando el cuerpo de la adolescente.

-¿Tienes novio?- le preguntó.

-No- Le contestó con brevedad.

-No tolero las mentiras, así que volveré a preguntar de nuevo.

-No es necesario. No he tenido ni tengo novio, necesito sacar las mejores notas porque quiero ir a la universidad y eso solo puedo hacerlo con becas, los estudios no me dejan tiempo para estar con chicos- Le espetó desafiantemente orgullosa.

-Quítate la ropa interior- le ordenó sin contemplaciones

Eva miró buscando ayuda en su padre, pero éste ocultaba el rostro entre sus manos.

Madame Rebeca golpeó el suelo

-Vamos, niña, no tengo toda la tarde, y necesito comprobar que la mercancía vale el precio que voy a pagar por ella. Si eres incapaz de hacerlo por ti misma puedo ordenar que lo haga él. – Dijo señalando a un tipo que había entrado en la sala sin que Eva se diera cuenta.

Eva se desnudó. Ella le tocó los pechos.

-Aún no están terminados de hacer, pero servirán.

Después le palpó las nalgas.

-Duras y sin celulitis, eso es bueno.

Después le puso la mano sobre el vello púbico y añadió señalando al hombre del traje oscuro primero y a su padre después:

-Esta misma tarde tu padre recibirá la mitad de lo que he acordado por ti, cuando compruebe que tú virginidad sigue intacta percibirá el resto del dinero. Si me has mentido, Antonio se cobrará lo pagado con la vida de tu padre.

Han pasado 20 años desde aquella tarde. Eva viste un vestido negro, lleva un bastón de madera con el puño dorado. Antonio va a abrirle la puerta de la sala de baile donde otro “Curro” entregará a su hija para tener un futuro mejor.

Galiana

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