Noche de palomitas

Noche de palomitas pequeña

En cualquier casa si el teléfono suena sobre las dos de la madrugada el susto es descomunal, pero en la mía no, ya estoy acostumbrada. Es más, sé perfectamente que mi amiga Carmen hace la llamada y el motivo de la misma.

Ella y yo somos amigas desde la escuela infantil, el colegio, el instituto y aunque cada una eligió estudios superiores diferentes la amistad estaba tan arraigada que 20 años después de haberlos terminado ahí seguimos. Somos como una vieja pareja de ancianos que pasean por el parque cogidos de la mano mientras caminan apoyados en sus respectivos bastones, y que al mirarles sientes que algunas cosas son eternas e indestructibles.

Cuando Carmen me llama de madrugada no hay que alarmarse, no hay que acompañarla a ningún hospital, solo decirle:

-Sube, voy poniendo las palomitas en el microondas.

Antes que saque la bolsa del armario ya está ella tocando el timbre. La llamada suele hacerla cuando ya ha aparcado el coche frente a mi casa.

Trae un aspecto deplorable. No, no ha bebido, ni se ha atiborrado de ninguna sustancia química. El rímel, evidentemente, lo lleva extendido por la cara. Las últimas horas las ha pasado conduciendo por la ciudad hasta que los brazos se le han cansado, llorando a moco tendido porque el hombre con el que vivía ha hecho la maleta y le ha dicho:

-¡Ahí te quedas, guapa!

Carmen, como quien suscribe, fue criada con las películas de Disney, y el daño que nos han hecho las princesas de esta factoría de animación a las de mi generación ha sido mucho peor que el de Bécquer y su romanticismo del siglo XIX. Nuestras madres, que venían de dónde venían, nos inculcaron el cuento de la existencia del príncipe azul, y mi mejor amiga y yo llevamos en esta tarea años, con resultados catastróficos, la verdad sea dicha, aunque eso sí, sin desanimarnos ni desfallecer en la búsqueda del mismo.

Una vez las palomitas están hechas, y Carmen se ha lavado la cara para quitarse los restos del maquillaje que habían dejado las lágrimas y los restregones, es el momento de poner nuestra película preferida: Gigante.

Volviendo al tema hombres y a la búsqueda del príncipe azul que tanto nos inculcaron nuestras madres. James Dean siempre fue el nuestro, el pequeño detalle que falleciese durante el rodaje del metraje es algo que no nos ha importado mucho, porque lo que siempre hemos ansiado es un tipo conflictivo como Jett Rink, papel que interpretaba el actor, enamorado hasta las trancas de la protagonista.

La de hombres que le han dicho a Carmen lo mucho que se parece a la actriz de los ojos violetas. No, mi amiga no tiene esa tonalidad en su iris, por lo demás Liz Taylor y ella podrían pasar por hermanas.

Ambas son de esa clase de mujeres que no pasan desapercibidas para los hombres, ni para las féminas. Ellos en cuanto las miran solo quieren meterlas en su cama, y ellas las odian porque además de atractivas son tan endemoniadamente inteligentes que les basta su presencia para tener comiendo en su mano a todos los varones en un par de kilómetros a la redonda.

Carmen es muy “la Taylor”, y yo… bueno yo soy más un estilo Katherine Hepburn. Una mujer de carácter, de ésas a las que los hombres odian y aman a la vez sin ser muy conscientes de ello. No hay nada que más le atraiga a un caballero que tener a su lado a una mujer con los pantalones bien puestos, por aquella tontería de intentar domarla mientras se deja dominar. Lo que suele pasar en estos casos es que la relación acaba antes de empezar, no entienden que a nosotras nos aburren tremendamente los hombres insustanciales, que tratan de ser lo que no son, nos gusta jugar con ellos durante un tiempo hasta que nos aburrimos y les convertimos en engendros de sí mismos.

Centrémonos en el instante en que las palomitas están hechas en el bol, estamos medio tumbadas en el sofá del salón, Gigante comienza en la televisión, y en lugar de prestar atención a la película nos dedicamos a poner a los hombres “como hoja de perejil”. A todos sin excepción, incluidos nuestros padres respectivos y su hermano mayor, que vaya piezas han resultado ser los tres.

Mi padre abandonó a mi madre por otra, después que ésta descubriera que llevaba durante años una doble vida. Debió ser que tanto insistí en tener una hermanita, que ante la negativa de mi progenitora él quiso hacer realidad mi deseo, cuando tenía once años supe que tenía dos hermanas, una un par de años menor y la otra cinco. El padre de Carmen fue de los que se marchó a comprar tabaco y por lo que tarda debe ser que no ha encontrado ningún estanco abierto.

Mi madre ante la deslealtad de mi padre, porque tener dos familias no debería considerarse una infidelidad, se pintó los labios de rojo y decidió escribir un libro sobre sexo basado en experiencias propias. La de mi amiga no entró en un convento para ser monja porque tenía dos hijos pequeños que sacar adelante con un solo sueldo, en todos estos años su relación con los hombres está basada en la misma repulsión que siento cuando veo una cucaracha en el portal de mi casa.

El hermano de Carmen es el hermano de Carmen. Un tarado obsesionado con el sexo, que ha tenido que pasar dos veces por un centro donde curar su adicción porque cualquier día le encarcelan por no preguntar la edad de la señorita a la que le sube la falda.

Cuando la película va más o menos por cuando James Dean se da una ducha con el petróleo que sale del pozo que hay en sus tierras, y es consciente que va a ser un hombre inmensamente rico, y yo voy por otro bol de palomitas.

Normalmente Carmen se queda acurrucada en el salón en compañía de Rock Hudson, en el rancho Reata viendo los cambios de la familia Jordan, está vez vino tras de mí a la cocina.

-Dime, ¿Por qué no hemos encontrado el amor verdadero? Tenemos dilatada experiencia en convivir con hombres como para no cometer los mismos errores, y sin embargo nos equivocamos una y otra vez. Yo he perdido la cuenta de los hombres con los que he compartido mi casa, y tú… bueno, lo tuyo es algo más complicado porque lo tuyo no es enamorarte de un hombre lo tuyo es depender emocionalmente de él hasta que te destroza y tengo que pegar trozos que deja de ti.

No podía creer lo que estaba escuchando. Pase que no sepamos donde nos equivocamos cuando nos embarcamos en una relación afectiva, pase que sea cierto que tengo un abono de dependencia emocional del hombre que considero mi pareja, pero lo que no voy a admitir es que una mujer que pasa de los cuarenta siga creyendo en la existencia del amor verdadero. ¡Acabáramos!

Cerré los ojos, apreté los puños, escuché el maíz explotando dentro de la bolsa en el interior del microondas, pensé:

-Es Carmen, el tipo con el que llevaba tres años viviendo la ha mandado a hacer puñetas, contén tu lengua – Me repetí mentalmente mientras contaba hasta diez, o tal vez fueron 20, no recuerdo, me giré en el mismo momento en que sonaba el timbre del microondas y dije en tono autoritario:

-Ve al salón. Apaga la película, saca el bourbon. La noche va a ser más larga de lo que parecía.

Galiana

 

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Acerca de Galiana

Escritora
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14 respuestas a Noche de palomitas

  1. Este relato, no es que me guste, es que me encanta!!!!
    “La noche va a ser más larga de lo que parecia”
    Al final apareció el The End de rigor.
    Que bueno que podemos poner el final cada uno el que queramos.

  2. Muy bueno. Se me antojaría una continuación pero eso igual encorsetaría la imaginación del lector. Me ha gustado mucho.

  3. Guillermo dijo:

    Excelente relato, intimo…, supongo, auténtico y con un par de ánimos al borde del abismo, un abismo de pesimismo que no suele ser objetivo, es consecuencia temporal y personal. No hay nada mas complicado que las relaciones personales, y mucho más las de pareja.

    Un abrazo, para Carmen también.

  4. Guillermo dijo:

    Me refería a los personajes de tu fantástico relato!.

  5. Wescebú dijo:

    Aiiinnnnnnnns, el Amor Verdadero 😕
    Por mi experiencia, lo único que cuenta es el respeto de ambos a la otra persona, y comunicación.
    Aunque nunca se sabe como acabará la película 😉

  6. enriquear dijo:

    ¡Osú! Acabo de atragantarme con la cena, de lo bien que está 😉

    Un fuerte saludo Galiana

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